Experiencias de una mamá con diabetes

Por Rosemary Black

Como padre, quizá pensaste que podías proteger a tu hijo de cualquier peligro si te asegurabas de que comiera bien, durmiera lo suficiente y estuviera al día con las vacunas recomendadas. Pero todo cambió cuando tu hijo fue diagnosticado con diabetes tipo 1. En un instante la vida de tu familia tal como la conocían se habría alterado por siempre, y te diste cuenta de que la idea de que podías librar a tu hijo de cualquier peligro no siempre es posible.

Cuando un niño es diagnosticado con diabetes, el impacto en los padres y hermanos es intenso. “Se impacta todo”, dice Kellie Rodríguez, directora de educación al paciente del Instituto de Investigación de la Diabetes (DRI por sus siglas en inglés). “Puede debilitar las relaciones familiares o puede fortalecerlas”.

Esto es lo que debes saber:

Es importante evitar hacer comidas especiales sólo para el hijo que tiene diabetes.
En lugar de eso, prepara comidas saludables para toda la familia. El mismo plan alimentario que funciona para aquellos con diabetes también funciona para toda la familia. Rodríguez dice: “Es una forma sana de comer, con ingredientes frescos, carnes magras y muchos vegetales”.

Espera algún tipo de competencia entre hermanos.
Tus otros hijos no pueden evitar notar cuánta atención le prestas al hijo que tiene diabetes mientras aprendes a reconocer una reacción a una baja de azúcar, medir la glucosa sanguínea y administrar inyecciones. Así que no te sorprendas al ver alguna reacción mientras los otros niños buscan tu atención. Hazte el propósito de disponer de tiempo regularmente para pasar con tus otros hijos no-diabéticos, aunque sea para ir a comer pizza o dar un paseo juntos.

Espera sentirte culpable.
“Los padres quizá puedan sentir que ellos causaron la diabetes de sus hijos, así que hay una gran percepción de culpa”, dice Rodríguez. No dejes que esos sentimientos de culpa te lleven a consentir a tu hijo y dejar que se escape con algún comportamiento inapropiado. Si no puedes sacudirte el sentimiento de culpa, hablar con el médico de tu hijo quizá te ayude a comprender que nada de lo que hicistee “causó” la diabetes de tu hijo.

Ten cuidado con lo que dices al discutir los valores de azúcar en sangre de tu hijo.
Rodríguez dice: “No se refiera a los valores de azúcar como “buenos o malos”. En lugar de eso habla de valores altos y bajos. Tu meta es que tu hijo se sienta cómodo al acudir a ti cuando exista un problema y no intente esconder los resultados porque piense que te vas a molestar o decepcionar. “Resuelve el problema con tu hijo”. Dice Rodríguez “Si tu hijo viene a ti y dice que tiene un valor de azúcar de 400, dale las gracias por avisarte y pídele ayuda para buscar una forma de evitar eso en el futuro”. Quieres que tu hijo se comunique contigo y tenga sensaciones positivas sobre su habilidad para ayudar a controlar sus valores de azúcar.

Habla con tu hijo sobre sus sentimientos, dice Stepahie Maglio, RN, BSN, quien trabaja en el departamento ambulatorio de niños de pediatría endocrinológica en el Hospital de Niños Sherman & Walter Samuelson en el Hospital Sinai de Baltimore. “Dile a tu hijo que aunque lamentas que tiene diabetes, es una condición que juntos pueden tratar y manejar”, dice. “Recuérdale que no le toma más de 20 minutos de su día el lidiar con medirse el aúcar y aplicarse la insulina”. Y aliéntalo a involucrarse en su propio cuidado tan pronto como su médico piense que es apropiado.

Mantente alerta con tu hijo, pero no seas un padre helicóptero.
Por supuesto que es un delicado equilibrio, dice Maglio. Cada niño es distinto, así que pregúntale a tu médico qué edad debe tener un niño antes de asumir algunas de las responsabilidades diarias, como aplicarse la insulina. “Pero sin importar si tu hijo tiene 10 o 17 años, ellos necesitan supervisión”, dice Maglio. Es especialmente crítico en la secundaria, añade. “En la secundaria muchos niños simplemente quieren olvidarse de la diabetes, pero estos niños necesitan de alguien que mire por encima de su hombro de modo de que su cuidado no quede de lado”.

Tomado de Quality Health
Traducido por Melissa Cipriani

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