Experiencias de una mamá con diabetes

photo-blogHoy hace once años la diabetes se entrometió en nuestras existencias dándole un giro total a la vida que hasta entonces conocíamos. Las circunstancias del diagnóstico siguen frescas en mi mente y creo que eso es algo que lo marca a uno y cosas como esas no se olvidan.

Thaylu solo tenía 8 años cuando fue diagnosticada. Eso implicó en ella y en nosotros un cambio de vida. Todo giraba en torno a la diabetes. Esos cuatro días en la clínica fueron duros y abrumadores. Desde mantener un semblante sereno frente a ella hasta encerrarme a llorar en el baño para que ella no viera el dolor reflejado en mi rostro.

Ya son once años que no han sido fáciles y aún no lo es. Cada paso del camino presenta sus propios retos y está en cada uno de nosotros poderlos superar. ¿Pero cómo sobrevive uno a tener que lidiar con esta condición crónica que no nos da tregua 24 horas al día, 7 días a la semana, 365 días del año? Estas son algunas de las cosas que me han ayudado a sobrellevar estos once años:

El llanto. Aunque muchas veces quise dármelas de muy fuerte y negarme la posibilidad de llorar, pues con eso no iba a desaparecer la diabetes de mi hija, finalmente sucumbí ante el llanto. Llorar es válido. Tenemos que llorar y mucho, eso nos descarga el alma y, aunque para otros no lo parezca, nosotros los padres de un niño diagnosticado con diabetes vivimos un período de luto. Luto porque la vida de nuestros hijos ya nunca, nunca va a ser la misma. Cuando no había nadie en casa, me metía en el baño, abría la ducha para dejar el correr el agua sobre mi cabeza y lloraba y lloraba hasta que sentía que había vaciado mi alma de tanto pesar.

La responsabilidad. Hay cosas que no son negociables, y el manejo de la diabetes por parte de nuestros hijos es una de ellas (claro está, dependiendo de la edad), así que creo que no está mal castigarlos cuando no hacen lo que deben en cuanto a la diabetes respecta, del mismo modo como los castigamos cuando no hacen sus deberes escolares o las tareas que se les asignan en casa. Esta es SU condición y no la nuestra; son ellos quienes tienen y tendrán que vivir toda la vida con ella, y si bien al principio nuestra función es ser su páncreas, contador de carbohidratos, alarma y más, a medida que van creciendo hay que delegar responsabilidades en ellos o de lo contrario los vamos a convertir en unos impedidos que no podrán ser individuos independientes ni en el manejo de la diabetes, ni en el de su vida propia. Por mucho que queramos mantenerlos bajo nuestras alas, ellos crecerán y harán sus propias vidas, y dándoles las herramientas y la responsabilidad necesarias en cada una de las etapas, lograremos que sean seres independientes y exitosos.

La conexión con los pares. Es muy importante conectarnos con personas que convivan con la diabetes. Solo alguien que está viviendo lo mismo que nosotros es capaz de ponerse en nuestros zapatos. Aunque cada individuo es distinto y cada organismo reacciona de forma diferente, siempre hay situaciones comunes, siempre hay alguien que haya pasado por algo que uno está viviendo en un momento en particular que pueda ofrecernos un dato o un punto de vista más claro que el que pudiéramos tener, o con quien simplemente podemos descargarnos. Tener una comunidad de pares nos sirve como terapia de grupo y esto lo digo con propiedad: formo parte de un maravilloso grupo donde hay personas de muchas nacionalidades, de las cuales personalmente conozco a pocas, pero todas tenemos un denominador común: la diabetes. Ahí conversamos, despejamos dudas, aprendemos, compartimos nuestras experiencias, nos reímos (mucho), lloramos y oramos por el bienestar de todos.

Actualmente hay una creciente comunidad en línea que nos permite estar comunicados, sólo hay que buscar en la red.

Desconectarse. Por último, hay que desconectarse de vez en cuando. Salir a despejarse, a compartir solos con los amigos, con la pareja. Si bien esto al principio no es fácil, la experiencia me ha enseñado que cuando yo no estoy tan cerca, ella es más responsable con su condición.

Esta es una lucha que no termina. Ella ya tiene 19 años y aunque veo con orgullo que ella se hace cada vez más responsable e independiente, para mí no es fácil soltar las riendas del todo. Ella aún vive bajo mi techo y mientras eso sea así (y cuando ya no lo esté), yo siempre estaré pendiente. Su bienestar físico y mental es mi bienestar físico y mental.

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Comentarios en: "De la infancia a la adolescencia: Once años conviviendo con la diabetes" (3)

  1. Graciela Aprea dijo:

    Ya diez aos… Unbelievable! Besito

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  2. Te quiero amiga, Dios las bendiga….

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