Experiencias de una mamá con diabetes

Día Mundial de la DiabetesEl tema escogido este año por la IDF es “Diabetes y Familia”, y es que cuando un miembro de la familia es diagnosticado con diabetes, en el caso de mi hija diabetes tipo 1, todo, todo el entorno familiar se ve afectado. Y cómo no estarlo, si esta condición llega a nuestras vidas sin aviso y sin protesto. Llega para quedarse nos guste o no.

Recibir la noticia de que tu hijo vivirá para siempre (al menos hasta que aparezca una cura) con esta condición que no toma vacaciones, que se hace sentir 24/7/365, no es fácil de asimilar. A los padres no nos queda más remedio que aprender; la vida de los muchachos depende de nosotros, pero, al menos en nuestro caso, el apoyo de los otros integrantes de la familia también fue primordial para poder llevar esta condición adelante.

Es por ello que mi tributo de hoy va para ellos, para mi familia; sin ellos esta aventura 24/7 hubiera sido bien cuesta arriba.

Para quienes no lo saben, mi pequeña (ya no tan pequeña) fue diagnosticada a los 8 años. Es hija única, pero es la cuarta de 5 primos por el lado materno. Mis sobrinos más grandes aprendieron todo lo que había que aprender para que ellos pudieran seguir disfrutando esos ratos que compartían. Nunca dejaron de pasar tiempo juntos a causa de la diabetes. Ellos se ocupaban; aprendieron a medirla, se levantaban de madrugada a hacerlo si era necesario; sabían qué hacer en caso de una hipoglicemia y cualquier duda se resolvía con una llamada. En fin, nunca dejaron que la diabetes les robara sus momentos familiares. Todos fuimos aprendiendo a la par. No había temor de dejar que mis hermanos se la llevaran un fin de semana o temporada a sus casas. Yo sabía que ella iba a estar bien. Ellos estaban educados y no le tenían miedo a la intrusa. El mayor motivador siempre fue que mi hija siguiera su vida con la mayor normalidad posible, aunque la nueva normalidad implicara hacer altos para mediciones o aprender a contar carbohidratos o sacar cuentas que antes ni sabíamos que existían, o decirle “tienes que esperar, todavía no puedes comer”. La buena disposición siempre estuvo y sigue estando presente.

El apoyo del grupo familiar es primordial. Mientras más involucrados todos, más fácil será vivir y convivir con la diabetes tipo 1.

A ustedes, mi sistema de apoyo, que ahora está repartido en muchas latitudes, gracias al infinito y más allá.

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